Quizá no se trata de escribir

Mood: writingSiempre pienso e mí mismo como alguien a quien le gusta escribir. Escribir porque sí, y no necesariamente texto vacío, sino miles de cosas que pasan a diario por mi cabeza y que pienso que me gustaría compartir. Quizá es hora de abandonar esa imagen mental de mí mismo y actualizarla a algo que sea más acorde con la realidad de los últimos años.

Escribir, aunque me resulta agradable, está muy abajo en mi lista de cosas que quiero hacer cuando tengo algo de tiempo, y muy arriba cuando no lo tengo. Así, resulta que paso el tiempo enamorado de la idea de escribir, pero sin llegar a hacerlo, y todas esas ideas, todas esas frases y hasta párrafos enteros se pierden para siempre. Hoy lo he pensado un poco más conscientemente y me dado cuenta de que en realidad la pérdida no era tal, que todas esas frases no eran para vosotros, eran en realidad para mí. Eran mi propia forma interna de apreciar los momentos importantes, de marcar las pequeñas y grandes cosas que me hacen un poco más feliz cada día.

Este post era también para mí, pero no lo supe hasta que ya lo había escrito, así que ahora es también para vosotros.

Mis mejores compras en 2010

Esta mañana intentaba ponerme al día con algunos blogs, de esos en los que leo todos los posts, y al terminar de leer la lista de las mejores compras de miguev durante el año 2010 me puse a escribir un comentario que contestaba a la pregunta que cierra su post: mi propia lista. Escribiendo a ratos llegué a tener un comentario tan largo que pensé que merecía poner un post aquí. Así que gracias, miguev, por la inspiración 🙂

Así que aquí va mi lista, sin que el orden implique importancia, de las que creo que han sido mis mejores compras del 2010.

Bebé

El 2010 nos ha visto ser papás por primera vez. Aunque durante el año hemos comprado (y sobre todo heredado) un montón de cosas de bebé, voy a poner aquí sólo un par que quizá no son inmediatamente obvias pero que han cambiado nuestras vidas para bien.

Monitor de movimiento

Sensor de movimiento y monitor de sonido AngelCare. El sensor se coloca bajo el colchón de la cuna del bebé y, si deja de percibir movimiento (respiración del bebé) durante más de 20 segundos, una alarma suena tanto en el receptor que va conectado al sensor como en la unidad paterna, que es el receptor remoto que nos permite estar al tanto de lo que pasa desde otra habitación. Es increíblemente efectivo y da una tranquilidad que no nos podemos creer. Varias veces hemos comentado que sin él no nos atreveríamos a quitarle el ojo de encima a la pequeña. Además, el servicio de atención al cliente de Angel Care nos tiene muy contentos: una de las pilas recargables del receptor remoto que nos permiten llevarlo encima nos salió defectuosa y ahora siempre lo tenemos que tener enchufado. Mandamos un email al fabricante y nos respondieron diciendo que nos enviarían tanto un nuevo paquete de pilas recargables como un nuevo receptor, por si hubiese quedado afectado. Worth every penny.

Bola de Yoga

Bola de yoga, que en realidad nunca usamos para hacer yoga. Sentarse en una de estas bolas durante varias horas al día es práctica recomendada para embarazadas, sobre todo en el último trimestre, porque ayuda a que el bebé baje y se encaje en la pelvis. También hemos leído que ayuda mucho para adoptar posturas creativas durante el parto, pero no tenemos experiencia con esta práctica. Una vez el bebé ha nacido, esta bola es el mejor amigo de un padre: me siento sobre esta bola con mi bebé en brazos y le canto mientras damos botes. Funciona muy bien para calmarla cuando está alterada :).

Música

Este año, sobre todo en la primera mitad, trajo varias compras interesantes en el ámbito musical; la primera que menciono aquí supuso, además, la consecución de uno de mis sueños :D.

Epiphone Les Paul Standard

Epiphone Les Paul Standard. Llevaba años deseando hacerme con una guitarra eléctrica Les Paul de Epiphone. Además la conseguí por un precio estupendo en un set que incluía un amplificador Marshall (que más tarde me he arrepentido de haber comprado) y la he amortizado ya más que de sobra en disfrute, un poco gracias a usarla con la siguiente compra.

Boss GT-10

Procesador digital de efectos (pedalera) BOSS GT-10. Estoy convencido de que, si al terminar la década hago la lista de las mejores compras de los últimos diez años, el GT-10 también estará en esa lista. Sin duda el mejor añadido a cualquier guitarra eléctrica. No es especialmente barato, pero está hecho como un tanque, para aguantar bastante caña. Este producto es la razón por la que no me parece tan buena idea haber comprado el ampli, pues incluye simulación del tono de muchos amplificadores y habría sido mejor inversión comprar un par de buenos monitores activos (altavoces). El entretenimiento proporcionado por la ingente cantidad de efectos y por el phrase looper (tocas, se cicla, tocas sobre eso, se cicla otra vez) no tiene precio. Encima se puede conectar al PC por USB y recibir o enviar audio directamente, aparece como interfaz de audio. En mi página de loops hay algunas muestras de cosas que he grabado de mis sesiones de improvisación.

Micrófono Shure PG81

Micrófono para instrumentos Shure PG81, aunque aún no he podido disfrutar mucho de este micrófono de condensador porque he decido retrasar la compra de una interfaz de audio decente hasta que nuestra economía se recupere un poco de todas estas compras. Lo probé un par de veces con una tarjeta de sonido barata para grabar guitarra acústica y lo que escuché me dejó pasmado. Es impresionante cómo este cacharro es capaz de capturar los matices del sonido de mi guitarra acústica. De hecho, yo nunca escucho mi guitarra sonar tan dulce y melosa cuando toco porque estoy siempre detrás y gracias a este micro pude escucharla por delante, que es donde suena mejor. Una delicia, estoy encantado y deseando tener los elementos que me falta para poder usarlo más.

Fotografía

Esta no es una categoría en la que suela gastarme dinero, de hecho, mi anterior compra fotográfica fue en 2006. Pero este año iba a tener un bebé y me iba a arrepentir de no tener una cámara que me permitiera hacer fotos un poco más decentes que las de mi vieja (pero aún funcional) compacta.

Nikon AF-S DX 35mm f/1.8G

Objetivo de focal fija Nikon AF-S DX NIKKOR 35mm f/1.8G. En el año 2010 he comprado mi primera cámara réflex digital, la Nikon D5000. Considero, no obstante, que aún es pronto para saber si debería estar en la lista de las mejores compras del año. Lo que sí que tiene que estar en la lista es este objetivo, que empezó realmente como un encargo y acabó siendo un regalo de mi santa madre. Aún me falta mucho para poder aprovecharlo realmente bien, pero la diferencia con el 18-55mm que venía con la cámara es abismal. Ahora puedo hacer fotos de mi recién estrenado bebé sin usar flash y sin tener que encender muchas luces que la molesten. En cuanto consiga el ajuste perfecto de balance de blancos para las luces de mi casa, seré feliz cual perdiz.

Cocina

Cuando pienso en este tipo de listas en retrospectiva, creo que este es el primer año en el que pondría una sección de cocina.

Un afilador de cuchillos fácil de usar. Afilar cuchillos es un arte, lo tengo claro, pero somos muchos los que no tenemos este tipo de inclinación artística y aún así necesitamos usar cuchillos afilados (recordad que un cuchillo poco afilado es más peligroso que uno muy afilado [citation needed]). Para nosotros, pobres desgraciados, existe una serie de afiladores de cuchillos muy caros que eliminan totalmente la necesidad de tener la más mínima idea sobre afilar cuchillos. Por suerte, por muy poco dinero podemos hacernos con un afilador de baja tecnología que requiere poca maña. Fui a una ferretería aquí en Dublín y pedí al dependiente “un afilador de cuchillos que pueda usar de forma efectiva sin tener que saber un montón sobre el arte de afilar cuchillos”, y me dio este. Me funciona muy bien, pero sólo porque tengo cuchillos baratos que no me importa fastidiar; por desgracia, se come un poco el borde de una manera algo irregular. A pesar de esto, mis cuchillos cortan bien y me vale por el momento.

Olla de cocción lenta

Una olla de cocción lenta de tamaño respetable, concretamente, de 6,5 litros. En casa nos encantan estas ollas y teníamos una de litro y medio en la que apenas podíamos meter nada. En esta nos cabe hasta un pollo entero y podemos hacer unos caldos, cocidos, carnes, etc. que están para chuparse los dedos. Además, todo ello mediante el fantástico sistema de “poner todos los ingredientes, encenderla e irnos a la cama”. En Slow & Simple tienen muchas recetas para hacer con este tipo de ollas.

Libros

Durante 2010 he comprado más libros de los que he leído, lo cual no me tiene muy contento, pero de los que sí he leído, tengo que destacar tres, todos del mismo autor, que estarían muy alto en una lista ordenada de las mejores compras del año.

Se trata de los tres libros más populares de Scott Meyers sobre el lenguaje de programación C++: Effective C++, Effective STL y More Effective C++. Es increíble la cantidad de veces en las que, mientras leía estos libros, me acordaba de la ingente cantidad de tiempo que perdí, mientras hacía las prácticas de programación de la carrera, por no saber cosas que se explican perfectamente en estos libros (i-wish-i-had-known-this-in-college). Si te quieres dedicar a programar C++ en serio, tienes que leer estos libros. ¡Scott Meyers es un genio de C++!. Estos libros tienen valor extra porque estoy convencido de que los voy a leer todos varias veces 🙂 (Enlazo a The Book Depository porque tienen precios tan buenos como los de Amazon y además tienen envío gratuito a todo el mundo).

Y termino, igual que el post original de miguev, devolviendo la pregunta al lector: ¿Y tú qué? ¿Cuáles han sido tus mejores (o peores) compras del año?

Trabajar desde casa

Mood: coffee

Uno de mis objetivos a largo plazo en mi carrera profesional ha sido siempre disociar el lugar de donde vivo del lugar de donde trabajo. Idealmente, teniendo un espacio en casa, totalmente separado del resto, que sea mi zona de trabajo. Este objetivo, al menos en el campo del desarrollo de software, es perfectamente posible, uno no necesita más que buenas comunicaciones y una combinación adecuada de hardware y software.

En mi trabajo actual tengo la suerte de poder trabajar desde casa sin que ello suponga problema alguno. Eso sí, no podemos abusar de esta posibilidad. En principio deberíamos pasar más días de trabajo en la oficina que en casa. Trabajar desde casa es a veces la única forma de trabajar, como la semana pasada, tras las primeras nieves de este otoño-invierno, que dejaron suspendido el servicio de autobuses y las carreteras intransitables.

Puede parecer contradictorio con el primer párrafo que diga ahora que, aunque sea un objetivo a largo plazo, en la actualidad no me gusta tanto trabajar desde casa durante más de un par de días seguidos. Lo cierto es que, aunque aspiro a ello a largo plazo, no es exactamente lo que quiero ahora mismo. Al final acabo echando mucho de menos las interacciones que se dan en la oficina, y que dan mucha más riqueza a mi día a día en el trabajo. El trabajo desde casa es mucho más aislado, incluso, o debería decir más aún, cuando todos trabajamos desde casa.

Sin embargo, hay una faceta de trabajar desde casa que, en mi opinión, supera con creces a nada que pueda tener en ninguna oficina: la calidad de mis descansos.

En casa puedo tomarme una taza de mi café favorito sin tener que sangrar mis bolsillos, en casa puedo dedicar un rato de descanso a disfrutar un poco de interacción familiar, en casa puedo dedicar uno de mis descansos a una actividad que, desde las largas sesiones de prácticas de programación de los primeros años de carrera, me ha servido para relajarme y pensar con más claridad: tocar la guitarra.

Un descanso

Al volver al trabajo después de uno de estos descansos, me siento totalmente renovado, con mucha más motivación y a veces, cuando hay suerte, con la solución al problema que llevaba horas tratando de resolver.

Y que cada uno piense lo que quiera, pero escribir en bata el software que otros tienen que ponerse corbata para vender no tiene precio 😉

Vaciando los bolsillos

La semana pasada, antes de que empezara a nevar y se cancelase el servicio de autobuses… mi querida esposa y yo nos fuimos a Ikea, cada uno con objetivos muy diferentes. El suyo: ver decoraciones navideñas; el mío: comer albóndigas.

Las decoraciones de navidad eran, desgraciadamente, escasas y muy sosas, aunque personalmente me hizo gracia ver que Ikea vende copias, también algo sosas, de mi viejo “Árbol de navidad conceptual” (no tengo foto, tendrás que creerme), aunque ellos lo llaman “Soporte decorativo Snövita“.

Las albóndigas, por supuesto, buenas, como siempre.

Lo de vaciando los bolsillos no es porque nos gastásemos mucho dinero, sino porque en nuestro tour acelerado por la exposición, Lorena llamó mi atención a un objeto al que yo jamás habría prestado atención alguna. Es más, durante los primeros segundos después de mirarlo en mi mente se empezó a formar la pregunta ¿Y para qué quiero yo esa m…?. Afortunadamente ella explicó rápidamente: vacíabolsillos.

Y ahora la explicación extendida: Cuando llego a casa, me gusta vaciar mis bolsillos siempre en el mismo sitio para así tenerlo todo junto cuando quiero salir de nuevo. Aunque el nombre pueda confundir, mi vacíabolsillos no es ningún artefacto que haga esta tarea por mí, sino el lugar donde dejo las cosas que saco de mis bolsillos. Mi vacíabolsillos había sido hasta entonces un trozo de plástico de burbujas en una esquina de la mesa del salón. Ahora es una cajita Molger, de la sección de accesorios para baños de Ikea. La diferencia en la práctica es que las cosas no acaban esparcidas por toda la mesa y que cuando queremos usar la mesa lo podemos mover fácilmente.

Y te parecerá que es una tontería, pero la diferencia percibida es abismal, lo suficiente como ponerme a escribir un post sobre una caja 🙂

Esos pequeños fracasos

mood: humble No solo son nuestros éxitos, sino también nuestros fracasos los que nos hacen crecer como seres humanos. Cada fracaso puede que no lo sea tanto, pues en él se esconde una oportunidad para aprender.

Estas son las palabras que utilizo como consuelo y con las que me presento, humildemente, tras este largo silencio, para confesar que no seguí yendo a andar al parque todas las mañanas, que un día cayeron cuatro gotas y me desanimé, y al día siguiente porque estaba nublado e igual llovía, etc. Total, que vuelta al comienzo. Tampoco me apunté a un gimnasio ni he estado nadando. Y por supuesto, de lo despertarme cada vez más temprano, nada. Ocurre casi al revés.

Y es que ahora tampoco me voy a poner, la verdad. Mi vida está a punto de entrar en un paréntesis de unos cuantos meses hasta que me adapte mínimamente a que en casa seamos tres. Lo que está garantizado es que me despertaré temprano, si es que llego a dormir. El otro día me di cuenta de que no voy a necesitar despertador durante unos cuantos meses, primero porque ya me despertará el bebé y segundo, porque a ver quién es el listo que pone un despertador en la habitación en la que duerme un bebé.

Para resumir, todos mis intentos de poner más orden en mi vida quedan o bien postpuestos o bien relegados a ser puestos en marcha sin ningún programa o plan, sino improvisando sobre la marcha.

Por cierto, aunque dudo que haya alguien que lea esto y no lo sepa ya, vamos a tener un bebé en algún momento entre ahora y antes de navidad.

Mañanas activas

Hace un par de semanas escribí un post sobre mi plan de despertarme cada vez más temprano para, eventualmente, hacer algo de ejercicio físico por las mañanas. Pues el pasado fin de semana estuve pensando un poco más sobre este plan y me di cuenta de que lo que estaba haciendo realmente con esta historia de despertarme diez minutos antes cada día era una patraña para retrasar lo que realmente me resultaría beneficioso, que es la actividad física en sí.

Esta claro que madrugar me ayudará, no sólo a crearme una rutina y a proteger mis hábitos de sueño, sino a practicar la disciplina, algo que he abandonado un poco en los últimos años. Pero también es evidente que no necesito levantarme a las cinco de la mañana para poder mover un poco el cuerpo antes de ir al trabajo. Me estaba inventando una dependencia para procrastinar la parte más difícil.

Así que el domingo, después de levantarme tarde y desayunar tranquilamente, me puse un chándal, un par de discos en el móvil y me fui al parque, aprovechando el buen tiempo. No fui a correr, fui a andar, creo que todavía tengo que perder algo de peso antes de que mis rodillas me permitan correr durante más de diez segundos. Y anduve durante hora y media, poco más de 8 kilómetros en total. Me pasé. estaba claro que si iba a hacer esto a menudo, tenía que moderarme un poco.

Elegí un punto en el camino que me pareció razonable y, en los días siguientes, me levanté (todos los días a la misma hora) y salí directamente al parque, a hacer lo que he acabado llamando “paseos de activación”. Unos 4.8 Km diarios que termino siempre en menos de 50 minutos. Las agujetas me han matado durante la semana, pero es el justo precio por el sedentarismo. A cambio, me he sentido lleno de energía durante todas estas mañanas, me he sentido bien por estar ejercitando mi fuerza de voluntad y cada noche me ha dado mucho sueño a partir de las diez, y he dormido mejor.

Todo genial, hasta que esta mañana la racha de buena suerte se acabó y el tiempo en Irlanda volvió a la normalidad: Esta mañana amaneció lloviendo. Necesito un plan B, y lo necesito rápido, o todo lo bueno de esta semana se irá a la mierda por falta de continuidad. El simple hecho de que sean las doce y media y aún esté despierto escribiendo esto ya dice mucho de cuánto he echado hoy de menos mi paseo de activación. La verdad es que no me he activado del todo en todo el día.

Tarde o temprano, por vivir en un lugar con mal tiempo garantizado, tendré que acabar pagando para acceder a instalaciones donde pueda hacer mi ejercicio, aunque por desgracia, no será ni tan barato ni tan agradable como un buen paseo por el parque a las seis de la mañana.

“Tú sí que te aburres”

Estoy harto, más que harto, de la gente que responde con un “Tú sí que te aburres” cuando les cuentas una historia de algo que te interesa o algo que has hecho. Me parece algo tan horrible que hacerle a una persona, menospreciar sin piedad aquello en lo que ha puesto pasión o ilusión sólo porque el otro pobre desgraciado no lo entiende o se siente inseguro. El tú te aburres me parece una falta de respeto intolerable, y ahora que me acuerdo de que al menos una vez alguien me lo ha dicho en mi propia casa, me cabreo todavía más.

Joder, si te han contado una historia que no entiendes, pregunta si te interesa o escapa como puedas si no, pero no lo hagas a expensas del respeto por la persona con la que estás hablando.

Y es que cuando hay mucha gente es peor, porque quienes no lo han dicho muchas veces perciben como la opción más segura unirse al tú-sí-que-te-aburres que plantarle cara en defensa del “aburrido“.

Pues qué quieres que te diga, que no todo tiene que ser divertido y que, de todas formas, yo me divierto como me da la gana.

Convirtiéndome en madrugador

Esta última semana he comenzado a llevar a cabo un lento plan que me llevará, eventualmente, a mi objetivo de levantarme temprano, de forma sistemática, todos los días.

Últimamente me había dejado llevar demasiado por la flexibilidad que me ofrece mi trabajo en cuanto a la hora de llegada. El problema de esa flexibilidad es que se convierte en un arma de doble filo; sienta bien poder llegar tarde a la oficina, pero no tanto cuando me doy cuenta de que también tendré que marcharme mucho más tarde. Luego llego a casa y me quedo despierto hasta tarde, en un intento vano de recuperar el día que ya he perdido. Y otra vez a levantarme tarde.

Así que el domingo pasado (no ayer) me fui a la cama temprano, prometiéndome a mí mismo (con amenazas de por medio, admito) que me levantaría en cuanto sonase mi despertador. El despertador sonó a las siete menos diez y segundos después yo ya estaba en pie. No hay nada como una buena amenaza promesa. Cada día del resto de la semana fui restando diez minutos a la hora del despertador, doble el viernes, de modo que al final acabé estando en pie a las seis y yéndome a la cama alrededor de las once.

¡Menudo cambio! Ahora tengo la sensación de que las mañanas son eternas. Me da tiempo de desayunar tranquilamente mientras miro Facebook y Reddit y de hacer algunas tareas del hogar antes de ir a la oficina. Y estoy seguro de que no son sólo los minutos de más, sino también un cambio en la actitud. Este viernes incluso me apetecía ir a la oficina. Increíble pero cierto.

Este fin de semana, como era de esperar, me he descontrolado un poco los horarios, pero pienso encauzarlo esta semana restando media hora cada tres días, e intentando irme a la cama temprano el viernes también. No sólo tengo que conseguir madrugar, sino ser capaz de recuperarme rápidamente de cualquier irregularidad.

El objetivo final de este plan es llegar a levantarme a las cinco de la mañana. Una vez conseguido esto empezaré con otros cambios de mis actividades. Básicamente, lo que quiero es crearme una rutina un poco más eficiente que la actual y, eventualmente, hacer algo de ejercício antes de ir a trabajar. Pero esta es otra historia para la que tengo reservado un post, pero eso será, probablemente, cuando pueda escribirlo a las cinco de la mañana.

Foto: Anton Broberg Holm.

Bodas de papel

Hoy hace un año del mejor día de mi vida.

Me encantó mi boda. Primero, y más importante, porque me casé con la mujer más maravillosa del mundo. Después, porque tuve la ocasión, durante unas horas, de ver juntos a todos mis amigos (salvo tristes excepciones) y además tuvimos tiempo de estar un ratito con todos ellos.

Fue una boda muy familiar, con pocos invitados y además lo preparamos casi todo nosotros mismos, con lo que nos ahorramos un dinerillo a base de dedicar muchísimo tiempo tiempo y esfuerzo.

En este primer año de matrimonio he podido comprobar, en primer lugar, que todos los chistes del matrimonio no deben de referirse al primer año, he oído muchos pero, aunque me ría porque son graciosos, no me he sentido identificado con ninguno.

Me he dado cuenta, también, de que haberme casado hace que sienta diferente. En un principio no hubo muchos cambios en nuestra vida, pues ya vivíamos juntos antes de casarnos. Sin embargo, hay algo que cambió en mi interior, algo que me sigue haciendo sentir aún mejor. He intentado racionalizarlo dándole nombres como la satisfacción del reconocimiento social de nuestra relación, o del reconocimiento familiar, pero ninguna de estas vale, es algo mucho más personal. Puede que también, sin darme cuenta (bueno, un poco), me haya vuelto algo más protector. No sé si eso es bueno o malo, supongo que depende de la necesidad de protección de cada momento :P.

Este año ha visto, también, el momento en el que Lorena y yo dejamos de compartir piso y nos mudamos, unos meses después de la boda, a vivir solos. Este es un paso que no sólo ha hecho mejorar considerablemente mi calidad de vida sino que creo que ha afectado positivamente a nuestra relación. La privacidad de una familia es un bien precioso que descubrí un tiempo después de la mudanza (¿De dónde salieron tantas cosas?).

Y bueno, este año también nos ha traído la inmensa alegría de saber que en diciembre vamos a ser padres.

No ha estado mal, ¿no?

Tubillete puede que no lo sea tanto

Hay una agencia de viajes en Canarias que se llama Tubillete. Esta agencia tiene una página web que es increíblemente útil para encontrar los precios más baratos en vuelos, al menos dentro del territorio español. Además, muchas veces sus precios son un poco más baratos que los de la propia línea aérea.

Con estas condiciones es terriblemente tentador comprarle a ellos un billete de avión una vez lo has encontrado. Y eso hicimos. Además, la web de la línea aérea indicaba que sólo quedaban dos plazas para ese vuelo.

Una vez terminada la compra, recibimos un correo que dice que, por seguridad, si el titular de la tarjeta de crédito con la que se han pagado los billetes no es un pasajero, hay que enviarles fotocopias de DNI y de la tarjeta con una autorización que bla, bla, bla. Este no es nuestro caso, así que damos el tema por zanjado.

La sorpresa llega cuando miramos el correo al día siguiente y vemos que un rato después nos habían enviado otro correo diciendo que, por seguridad, aun siendo el titular de la tarjeta un pasajero, tenemos que enviar toda la documentación y autorización antes de las 11 de la mañana. Son las 12 de la mañana y hemos perdido nuestra reserva.

Les llamo. Me cuentan lo típico de que así es como funcionan ellos. Me quejo de todo y me dan un poco la razón para suavizar la situación. Pues por suerte las plazas aún están disponibles, pero ahora son más caras. Y nos tienen cogidos por las pelotas porque ya hemos comprado otros vuelos que enlazan con esos, así que pagamos.

Y no, es ninguna tragedia, la verdad, pero me parece muy molesto, y lo dejo ya porque me estoy cabreando otra vez y no es cuestión.

Creo que la próxima vez, aunque busque en Tubillete, compraré mis billetes directamente a la línea aérea.