Mientras me muero

Mi hermana me contó que podia ver a los muertos y yo lo creí. Resulta que yo estaba muerto.

Estar muerto es como estar vivo, pero los demás no te ven, sólo algunos.

Los de la funeraria venían de camino. Mi hermana me pidió que me pusiera con mi cuerpo; me sorprendió no haber pensado en mi cuerpo, estoy tan acostumbrado a que vaya conmigo que se me hacía raro que pudiera estar en otro sitio. Los muertos no ven su propio cuerpo, se ven como estuvieran vivos. Mi cuerpo estaba en una cama y yo no lo veía, así que ella me indicó.

Llegaron los de la funeraria y trajeron consigo un fusil de tamaño gigante que necesitaba un trípode para manejarse y que disparaba balas de entre diez y quince centímetros de largo. Ante la cara de susto de la familia, los señores funerarios explicaron que lo hacían porque el sonido fuerte del disparo ayudaba a enmascarar el trauma de la familia. Me preparé para oir un sonido horrible, tendiendo en cuenta lo cerca que estaba el arma. Pegó dos tiros a la pared junto a mí y pude ver como bala penetraba sin dificultad. Sonó menos de lo que esperaba. Entonces apuntó a mi cabeza yo empecé a pasarlo mal. Pero me di cuenta de que estaba con mi cuerpo por elección, así que me senté en la cama mientras él disparaba a mi cabeza, no sé para qué, aunque ellos lo explicaron a la familia.

Sabiendo que no conseguiría nada, pero aún alterado por el susto, hice amago de ir a darle un puñetazo al señor funerario que supervisaba, que siempre habia estado junto a mi cama. Éste se apartó.

—¡¿Puedes verme?! —pregunté y exclamé a la vez. Él asintió.

Cambio. Estamos el funerario y yo en un parque, sentados en el césped. Yo empecé a decirle:

—Tu trabajo…
—Es el mejor trabajo del mundo, y hasta sale en el Boletín Oficial del Estado —dijo él sin dejarme terminar.
—¿Siempre nos ves? —pregunté.
—Sí —contestó.
—¿Y nos quedamos luego?
—No, siempre desaparecen.
—¿Cuánto pasa hasta que desaparecemos?
—Algunos desaparecen en cuestion de minutos, pero unas horas es lo normal.
—¿Alguno ha durado días? —pregunté con algo de esperanza.
—No, nunca —dijo él con seguridad.
—Pues lo cierto es que yo no me siento diferente.

Pero entonces me di cuenta de que mis brazos y piernas parecían estar empezando a dormirse, y se lo dije. El asintió sin decir nada, como si ya lo supiera todo. Seguimos en el parque.

De repente, imagino que debido a que ya me voy despertando y la realidad se va filtrando un poco en el sueño, me doy cuenta de que todo está mal.

—Pero, ¡¿Y mi hija?! —pienso en gritos justo antes de despertarme.

Este verano voy a …

Hoy andaba camino a casa, cargado con la compra de la semana y con el sol dándome en la cara, lo cual no es nada usual aquí, aunque parece que este año toca tener verano. Y es precisamente de verano de lo que quiero escribir esta noche.

Entrecerrar los ojos por lo molestos que eran los rayos del sol me ha hecho recordar todas esas tantas veces que, durante los últimos oscurísimos y húmedos inviernos irlandeses, he deseado que llegara el verano para poder hacer X, Y o Z. A veces, como lo que ha venido no es lo que yo llamaría verano, he deseado vivir en otro sitio donde hubiera un poco más de ambiente de verano. Secretamente siempre recordaba mi viaje a Alemania en septiembre de 2008, pero esa es otra historia. Hoy me he dado cuenta de que el tan esperado verano, con días largos y con buen tiempo, por fin ha llegado. Y acto seguido han saltado varias alarmas al darme cuenta de que no sólo no estoy haciendo X, Y o Z, sino que estoy convencido de que no tendría tiempo para hacerlas.

Pero es mentira, y otra vez gravito a casa (esta vez me disculpa ir cargando la comida) y me escondo en tareas del hogar, que siempre hay alguna pendiente y se encuentran, la mayoría, en mi zona de confort.

Así que otro día sin sentarme a estudiar un ratito para aprender esas cosas que me pueden ayudar a avanzar mi carrera profesional. Otro día sin salir a correr un poco por el parque. Otro día sin volver a aprender a montar en bicicleta (sí, se olvida). Y más, you get the idea. Y la verdad es que las tareas del hogar tampoco las he terminado, así tengo más excusas mañana también.

Poco a poco se va yendo el verano y luego todo se hará más difícil. ¡Es tan frustrante! Saber que el cambio está en tu mano, que puede hacerte más feliz, y aún así ver cómo día tras día no haces nada para conseguirlo. Está claro que no tendré a nadie más a quien culpar de mis fracasos.

Y aunque los días pasan, lo cierto es que el verano aún no se ha ido, y rayos de sol como los de hoy pueden ayudar mucho más de lo que esperaba. Quizá escribir esto sirva para que deje de pensarlo, de pensar que no va a pasar nada, y quizá, sólo quizá, pase algo de una puta vez.

Un abrazo, buenas noches.

Pioneer One, la serie

Acabo de ver el primer episodio de Pioneer One.

Se trata de una serie de bajo presupuesto cuyo primer episodio ha sido financiado íntegramente desde una plataforma online social de financiación de proyectos artísticos (Kickstarter, por si alguien quiere probar suerte con alguna idea). Los autores se encuentran ahora recaudando fondos para producir toda la primera temporada de siete episodios. Por lo que veo, han conseguido más de dos tercios de la cantidad que buscan y van a rodar tres episodios más a partir de septiembre. El medio de distribución es Internet, así que puedes descarga un torrent o incluso verlo online.

Me ha gustado mucho más de lo que esperaba. Se nota que es de bajo presupuesto, pero no porque haya falta de calidad sino por la escasez de extras y porque apenas hay exteriores.  Quizá haya algo más, pero no sé qué es.

La historia, muy por encima para no arruinarle la experiencia a nadie, es que una cápsula espacial, aparentemente soviética, lanzada hace tanto tiempo que ya nadie parece acordarse de ella, regresa a la tierra y unos agentes de Seguridad Nacional de Estados Unidos lo investigan. Dicho así parece muy soso, pero es que no quiero contar detalles. Sólo dura media hora, recomiendo verla.

“Me gusta”, pues no.

He intentado, hasta hace un momento, poner bajo cada post uno de esos botones de Facebook que dice “me gusta”. Unas horas después, no sólo no tengo los botones sino que no los quiero, al menos no por ahora.

La documentación de Facebook es penosa, y algunas de las pocas cosas que dice con claridad no son verdad. No sé en qué estaría pensando. Quizá otro día lo intente de nuevo con otros objetivos más simples, que seguro que eso ayuda.

Un favicon para el Plog

Ojalá supiera dibujar, o tuviese algún tipo de creatividad gráfica. Lo cierto es que no es lo mío.

Estaba mirando las pestañas del navegador y me di cuenta de que aún no tenía un favicon para el plog. Aunque pueda parecer una mera cuestión estética, en realidad no lo es, el dichoso icono es tremendamente útil cuando tienes mil pestañas abiertas en el navegador.

Normalmente hago algo muy sencillo, y prácticamente siempre incluye alguna letra relativa a la página en sí para que sea aún más fácil identificarlo. Esta vez he desdeñado el Gimp en favor de Inkscape, porque siempre he pensado que Gimp no era muy cómodo para hacer iconos. Inkscape tiene pinta de ser muy potente, pero su interfaz es un infierno y no me ha gustado nada. Por suerte, creo que pasará mucho tiempo hasta que tenga que volver a usarlo.

Al final he imitado una de esas señales australianas donde avisan de la presencia de animales en la carretera y me ha quedado esto:
Primer favicon del Plog

Fantástico regalo

Anoche, ya muy tarde, aún seguía delante del ordenador configurando unas cosillas del WordPress; escuché a Lorena estornudar desde la cama y poco después me llamó. Los estornudos habían despertado a la nena y no paraba de moverse. Se movía tanto que Lorena estaba convencida de que podría sentirse desde fuera. Era muy difícil, entre mi pulso, el suyo, el movimiento de la respiración, etc. Así que yo, con mi mano sobre su barriga, iba avisando cada vez que sentía algo, y ella las iba descartando como “ruido”. Al final, después de varios intentos, sentí un movimiento diferente, creo que se desplazó de un punto a otro de mi mano. Esta vez sí, dijo Lorena.

¿Habrá sido de verdad el bebé? La mera posibilidad ya me hace feliz.

Empecemos de nuevo

Porque tarde o temprano esto tenía que pasar. Porque once a blogger, always a blogger. Porque ya estaba un poco cansado de tener todo disperso (que si Twitter, que si Facebook, que si Tumblr, …). Pues no; pues ahora voy y abro otro blog. El problema es que yo tenía ya un blog, hace tiempo, y lo cerré. Lo cerré porque era una carga más que una vía de escape, y no quería reabrirlo porque seguiría pensando en él como una carga. Luego vino el otro, “El Blog”, que quizá recuerdes de al principio, cuando pensaste que quizá sería interesante. Pues ese tampoco lo quiero reutilizar para mi propósito actual. Así que abro un Plog, que es casi como un blog, pero más Personal, más Pragmático, más Pueno. Y a ver si esta vez tengo suerte y dejo de inventarme restricciones yo solo y puedo, de una vez, escribir lo que me de la gana, en el idioma que me de la gana.

¡Que comience el Plog!