Mañanas activas

Hace un par de semanas escribí un post sobre mi plan de despertarme cada vez más temprano para, eventualmente, hacer algo de ejercicio físico por las mañanas. Pues el pasado fin de semana estuve pensando un poco más sobre este plan y me di cuenta de que lo que estaba haciendo realmente con esta historia de despertarme diez minutos antes cada día era una patraña para retrasar lo que realmente me resultaría beneficioso, que es la actividad física en sí.

Esta claro que madrugar me ayudará, no sólo a crearme una rutina y a proteger mis hábitos de sueño, sino a practicar la disciplina, algo que he abandonado un poco en los últimos años. Pero también es evidente que no necesito levantarme a las cinco de la mañana para poder mover un poco el cuerpo antes de ir al trabajo. Me estaba inventando una dependencia para procrastinar la parte más difícil.

Así que el domingo, después de levantarme tarde y desayunar tranquilamente, me puse un chándal, un par de discos en el móvil y me fui al parque, aprovechando el buen tiempo. No fui a correr, fui a andar, creo que todavía tengo que perder algo de peso antes de que mis rodillas me permitan correr durante más de diez segundos. Y anduve durante hora y media, poco más de 8 kilómetros en total. Me pasé. estaba claro que si iba a hacer esto a menudo, tenía que moderarme un poco.

Elegí un punto en el camino que me pareció razonable y, en los días siguientes, me levanté (todos los días a la misma hora) y salí directamente al parque, a hacer lo que he acabado llamando “paseos de activación”. Unos 4.8 Km diarios que termino siempre en menos de 50 minutos. Las agujetas me han matado durante la semana, pero es el justo precio por el sedentarismo. A cambio, me he sentido lleno de energía durante todas estas mañanas, me he sentido bien por estar ejercitando mi fuerza de voluntad y cada noche me ha dado mucho sueño a partir de las diez, y he dormido mejor.

Todo genial, hasta que esta mañana la racha de buena suerte se acabó y el tiempo en Irlanda volvió a la normalidad: Esta mañana amaneció lloviendo. Necesito un plan B, y lo necesito rápido, o todo lo bueno de esta semana se irá a la mierda por falta de continuidad. El simple hecho de que sean las doce y media y aún esté despierto escribiendo esto ya dice mucho de cuánto he echado hoy de menos mi paseo de activación. La verdad es que no me he activado del todo en todo el día.

Tarde o temprano, por vivir en un lugar con mal tiempo garantizado, tendré que acabar pagando para acceder a instalaciones donde pueda hacer mi ejercicio, aunque por desgracia, no será ni tan barato ni tan agradable como un buen paseo por el parque a las seis de la mañana.

Convirtiéndome en madrugador

Esta última semana he comenzado a llevar a cabo un lento plan que me llevará, eventualmente, a mi objetivo de levantarme temprano, de forma sistemática, todos los días.

Últimamente me había dejado llevar demasiado por la flexibilidad que me ofrece mi trabajo en cuanto a la hora de llegada. El problema de esa flexibilidad es que se convierte en un arma de doble filo; sienta bien poder llegar tarde a la oficina, pero no tanto cuando me doy cuenta de que también tendré que marcharme mucho más tarde. Luego llego a casa y me quedo despierto hasta tarde, en un intento vano de recuperar el día que ya he perdido. Y otra vez a levantarme tarde.

Así que el domingo pasado (no ayer) me fui a la cama temprano, prometiéndome a mí mismo (con amenazas de por medio, admito) que me levantaría en cuanto sonase mi despertador. El despertador sonó a las siete menos diez y segundos después yo ya estaba en pie. No hay nada como una buena amenaza promesa. Cada día del resto de la semana fui restando diez minutos a la hora del despertador, doble el viernes, de modo que al final acabé estando en pie a las seis y yéndome a la cama alrededor de las once.

¡Menudo cambio! Ahora tengo la sensación de que las mañanas son eternas. Me da tiempo de desayunar tranquilamente mientras miro Facebook y Reddit y de hacer algunas tareas del hogar antes de ir a la oficina. Y estoy seguro de que no son sólo los minutos de más, sino también un cambio en la actitud. Este viernes incluso me apetecía ir a la oficina. Increíble pero cierto.

Este fin de semana, como era de esperar, me he descontrolado un poco los horarios, pero pienso encauzarlo esta semana restando media hora cada tres días, e intentando irme a la cama temprano el viernes también. No sólo tengo que conseguir madrugar, sino ser capaz de recuperarme rápidamente de cualquier irregularidad.

El objetivo final de este plan es llegar a levantarme a las cinco de la mañana. Una vez conseguido esto empezaré con otros cambios de mis actividades. Básicamente, lo que quiero es crearme una rutina un poco más eficiente que la actual y, eventualmente, hacer algo de ejercício antes de ir a trabajar. Pero esta es otra historia para la que tengo reservado un post, pero eso será, probablemente, cuando pueda escribirlo a las cinco de la mañana.

Foto: Anton Broberg Holm.