Vaciando los bolsillos

La semana pasada, antes de que empezara a nevar y se cancelase el servicio de autobuses… mi querida esposa y yo nos fuimos a Ikea, cada uno con objetivos muy diferentes. El suyo: ver decoraciones navideñas; el mío: comer albóndigas.

Las decoraciones de navidad eran, desgraciadamente, escasas y muy sosas, aunque personalmente me hizo gracia ver que Ikea vende copias, también algo sosas, de mi viejo “Árbol de navidad conceptual” (no tengo foto, tendrás que creerme), aunque ellos lo llaman “Soporte decorativo Snövita“.

Las albóndigas, por supuesto, buenas, como siempre.

Lo de vaciando los bolsillos no es porque nos gastásemos mucho dinero, sino porque en nuestro tour acelerado por la exposición, Lorena llamó mi atención a un objeto al que yo jamás habría prestado atención alguna. Es más, durante los primeros segundos después de mirarlo en mi mente se empezó a formar la pregunta ¿Y para qué quiero yo esa m…?. Afortunadamente ella explicó rápidamente: vacíabolsillos.

Y ahora la explicación extendida: Cuando llego a casa, me gusta vaciar mis bolsillos siempre en el mismo sitio para así tenerlo todo junto cuando quiero salir de nuevo. Aunque el nombre pueda confundir, mi vacíabolsillos no es ningún artefacto que haga esta tarea por mí, sino el lugar donde dejo las cosas que saco de mis bolsillos. Mi vacíabolsillos había sido hasta entonces un trozo de plástico de burbujas en una esquina de la mesa del salón. Ahora es una cajita Molger, de la sección de accesorios para baños de Ikea. La diferencia en la práctica es que las cosas no acaban esparcidas por toda la mesa y que cuando queremos usar la mesa lo podemos mover fácilmente.

Y te parecerá que es una tontería, pero la diferencia percibida es abismal, lo suficiente como ponerme a escribir un post sobre una caja 🙂